Barcelona Alzheimer Treatment & Research Center

preguntas frecuentes

la demencia y la enfermedad de Alzheimer

La enfermedad de Alzheimer (EA) es la demencia senil más frecuente. La demencia es un síndrome que indica pérdida de independencia para el autocuidado y la EA es la demencia que se presenta con más frecuencia en personas mayores de 65 años. Si se presenta antes de los 65 años se denomina demencia presenil por EA. Aparte de la EA, hay otras demencias que se manifiestan con síntomas diferentes, como la demencia por Cuerpos de Lewy y la demencia frontotemporal (más frecuente en personas jóvenes). Pero todas las demencias requieren supervisión y control por terceras personas. Hay que desterrar el concepto de demencia senil y hablar de demencia por EA.

La EA siempre es evolutiva. La supervivencia puede variar entre un mínimo de 2 años y un máximo de 20 años desde el diagnóstico, con una media de 10 años a 12 años.  La enfermedad, una vez iniciados los primeros síntomas, pasará por cuatro fases hasta el fallecimiento. No será así en caso de que otra enfermedad o accidente sea antes la causa de la muerte.

En la primera fase (leve) los síntomas se manifiestan en forma de pérdida funcional para las actividades de la vida diaria más elaboradas, las llamadas actividades instrumentales complejas, como las que requieren procesar mentalmente una idea o acción, programarla  y ejecutarla. Son las tareas que nos permiten desarrollar actividades sociales, laborales, realizar nuevos aprendizajes y desarrollar nuestro intelecto potencial a través de la introspección, la imaginación y las emociones. Se manifiestan a través de la visión abstracta del mundo y la utilización de la lógica formal. Es la etapa de las operaciones formales, se adquiere de los 12 años en adelante y la primera que se pierde cuando la enfermedad empieza a manifestarse.

La segunda fase (moderada) se inicia cuando las capacidades instrumentales más simples de la vida diaria empiezan a desestructurarse, como la compra, la utilización del dinero, el control de la medicación, el mantenimiento de una adecuada higiene o de una dieta adecuada, situaciones que nos permiten la supervivencia y el autocuidado. Se inicia la pérdida de la interacción con el entorno y hay una incapacidad creciente para centrarse en más de un aspecto de un estímulo. Aparece o empeora el  egocentrismo previo y la capacidad para adaptarse a los cambios de rutina. Es el inicio de la perdida de operaciones concretas, que se ha adquirido de los 7 años a los 12 años.

La tercera fase (grave) se caracteriza por la pérdida progresiva de las capacidades más básicas de la vida diaria (alimentación, higiene y control de esfínteres urinario y fecal). Los afectados precisan de ayuda para su cuidado básico porque ya no son capaces de hacerlo solos. Han perdido la capacidad para entender la información que perciben sus sentidos y su interacción con el entorno. Son incapaces de manipular los objetos y una vez que el objeto desaparece de su vista no puede entender que todavía existe. Se desestructura la capacidad sensorio-motora, que se inicia con el nacimiento y dura hasta los 2 años.

La pérdida de las capacidades funcionales sigue el orden inverso a como han sido adquiridas y al final sólo queda la memoria emocional, la única que les une a su entorno y con la única que se pueden comunicar, como una sonrisa, un abrazo o un beso, pero sin entender el cuándo, a quién o el porqué.

Va a depender de su estado evolutivo y de la percepción que tenga de su pérdida de memoria. Es habitual en la EA clásica que la pérdida de memoria no les permita recordar los datos recientes. Al principio, aunque se les diga lo que tiene puede suponerles un trauma. Pero posteriormente olvidan lo relatado y en ocasiones niegan inconscientemente la realidad, porque ellos no se ven mal y dicen: “No sé porque me han traído aquí si a mí no me pasa nada y lo hago todo perfectamente”.

Otra situación es cuando el paciente es consciente de su estado y además presenta un cuadro depresivo importante derivado de ello. En estos casos es mejor posponer la comunicación del diagnóstico, previo consenso con la familia y explicarles su problema de forma menos traumática (“Tiene un problema de memoria que vamos a tratar de controlar”) y sin nombrar la palabra ‘mágica’ que es lo que les aterroriza,  reconduciendo la explicación positivamente.

A medida que la enfermedad evoluciona se pierde la percepción del propio “yo” y desaparece la angustia previa. Puede pasar que aparezcan alteraciones de conducta, como delirios o alucinaciones altamente angustiantes, pero no por la percepción que tiene de la enfermedad sino por los síntomas de la propia enfermedad, que ellos viven de forma muy real. En esas ocasiones sí no veremos obligados a tratar los síntomas para controlar la ansiedad y el miedo que les provoca.

La EA presenta una herencia familiar muy baja. Sólo el 1% de todas las EA son hereditarias y al menos uno de los progenitores y dos o más miembros de la familia en primer grado han de padecerla. Todos presentaran la misma mutación y el diagnóstico, si se conoce la mutación, se puede realizar incluso antes que aparezcan los síntomas en caso de ser portador de la mutación familiar. Además, la enfermedad se presenta entre los 30 y los 40 años.

No debemos confundir la herencia con la genética. Las mutaciones genéticas hereditarias vienen predeterminadas desde el momento de la concepción. La genética es común y compartida con los miembros familiares. Sólo determinados genes de riesgo son los que van a determinar a lo largo de nuestra vida la aparición o no de la EA. Estos son los responsables de la mayoría de casos esporádicos.

Pero la EA sí es genética. Es decir, hay genes de riesgo en nuestro ADN que en un momento determinado de la vida y asociados a otros factores ambientales, tóxicos, estilo de vida, etc., pueden determinar  la presentación de la enfermedad , sobre todo a partir de los 65 años.

No todos los pacientes con EA desarrollan agresividad, aunque sí se vuelven algo más irritables y apáticos, lo que provoca que se vuelvan menos tolerantes y más rígidos. Algunos debutan con depresión ante la conciencia de la pérdida de memoria, lo que hace retrasar el diagnóstico en la mayoría de los casos.

El manejo de la agresividad va a depender de algunos factores como:

– El carácter previo: si se trata de una persona poco tolerante ante la frustración, dominante o manipuladora en su etapa adulta, por ejemplo, estos síntomas se agudizarán con la EA  y serán más difíciles de reconducir. Ante un reproche o insinuación por parte del cuidador puede reaccionar de forma agresiva, habitualmente de forma verbal y ocasionalmente de forma física.

– Poca comprensión del problema por parte del entorno familiar, que intenta hacer razonar situaciones que no comprende a la persona con demencia. Además, la situación se agrava si hay una difícil relación previa.

– Instauración de un proceso psicótico (delirios y alucinaciones)  asociado a la EA de base. Es entonces cuando habrá que introducir tratamiento específico dado que la situación genera angustia, tanto en el paciente (que lo vive de forma real) como en la familia, que no es capaz de reconducirlo.

La alteración de la memoria puede mejorar mediante un refuerzo y estimulación cognitivos durante las fases de aprendizaje y recuperación de la información. Estudios recientes sugieren un claro efecto beneficioso de los programas de estimulación cognitiva sobre las funciones neuropsicológicas en el tratamiento de la EA, permitiendo enlentecer la progresión de la enfermedad. Así, con el objetivo de obtener el máximo beneficio terapéutico en pacientes con EA en fase leve a moderada, se recomienda el uso combinado de programas de estimulación cognitiva con el tratamiento farmacológico.

Sí, son herramientas útiles para mejorar las capacidades atencionales, de razonamiento, cálculo, etc. Son formas de estimular las funciones cognitivas divirtiéndose.

No, actualmente no existe ningún estudio basado en la evidencia que demuestre la eficacia terapéutica de las consolas o videojuegos en las personas con la EA. Existe, sin embargo, un sistema interactivo y multimedia,  Smartbrain® especialmente diseñado para la estimulación de las capacidades cognitivas, que ha demostrado una eficacia terapéutica efectiva al potenciar los efectos del tratamiento farmacológico.

Le recomiendo iniciar cuanto antes el uso diario de la agenda. Si adquiere la rutina de llevar su agenda, anotar todo lo que tiene que hacer y consultarla frecuentemente cada día, conseguirá mantener mejor su autonomía.

No debería conducir. Se ha demostrado que la presencia de deterioro cognitivo aumenta el riesgo de sufrir un accidente, puesto que una conducción segura requiere la integridad de las funciones cognitivas, tales como la atención, la planificación, el reconocimiento visual y la capacidad visoespacial. También se ha comprobado que la progresión de enfermedades neurodegenerativas, tales como la EA, disminuyen la capacidad de detección de colisiones inminentes, como resultado de la disminución combinada de las capacidades cognitivas y visuales de estas personas.

La persona con demencia va a sufrir un progresivo deterioro de sus capacidades lo que va a alterar su capacidad de decisión e impedirá manejar o controlar sus asuntos económicos, financieros o legales. Es por ello que es necesario que la familia, desde el mimo momento del diagnóstico, reflexione sobre este punto e intente solucionarlo, mientras la persona con demencia preserve su capacidad de decisión. En este sentido es aconsejable consultar con un abogado o notario, quien podrá asesorarle correctamente de acuerdo a su situación y necesidades.

No existe una respuesta única. En función del diagnóstico, el tipo de enfermedad y otros factores como la edad, estado general de salud, enfermedades intercurrentes… la evolución de la demencia variará en función de cada caso particular.

consultas administrativas

Debe hacernos llegar una solicitud de derivación por fax al número 93 419 35 42 o por correo electrónico a unitatdediagnostic@fundacioace.com. Una vez enviada la solicitud de derivación puede concertar una hora de visita llamando al teléfono 93 430 47 20 o enviando un correo electrónico a unitatdediagnostic@fundacioace.com

 El médico de cabecera, un neurólogo, un psiquiatra de zona, un neuropsiquiatra o un asistente social.

Puede concertar una hora de visita llamando al número de teléfono 93 430 47 20 o enviando un correo electrónico a unitatdediagnostic@fundacioace.com

Es necesario: DNI, lista de medicación actual, TAC o RMN craneal y análisis reciente de sangre que incluya hemograma, bioquímica, vitamina B12, TSH, ácido fólico, serología Lúes y VIH. Además, en caso de que se visite a cargo de la Seguridad Social debe presentar la solicitud de derivación y la tarjeta sanitaria.

La Unidad de Diagnóstico de Fundació ACE está en la calle Carles III 85 BIS. Para llegar en autobús hay que usar las líneas V3, H6, 7, 33, 59, 63, 67, 70, 75, 78, L12, L14, L79, N12, 518, 850.

 Llamar de 14:30h a 15:00h, de lunes a viernes, al número de teléfono 93 430 47 20.

Primero debe contactar con la responsable del centro al número de teléfono 610 59 59 43 (América Morera). A través de una entrevista con subdirección, se valoraran las necesidades del usuario y de la familia, y se le orientará hacia el recurso más adecuado.

estimulación cognitiva

El PPI es una estrategia terapéutica fundamentada en la presencia de la plasticidad neuronal y basada en la neuropsicología cognoscitiva, en la terapia de modificación de conducta i en el estado bio-psico-social de la persona. La finalidad de la terapia es mejorar y/o enlentecer el proceso clínico evolutivo a corto y medio plazo (Boada y Tárraga, 1990). Este programa consiste básicamente en integrar diferentes técnicas para mejorar aspectos de la conducta y personalidad. La aplicación de técnicas rehabilitadores incide, principalmente, en cuatro aspectos de la persona con demencia: el cognitivo, el motor, el psicosocial y el de las actividades de la vida diaria. En su conjunto se le otorga un carácter de intervención integral.

En los centros de Fundació ACE se implementa el PPI, desde un abordaje interdisciplinar, capaz de cubrir las necesidades de la persona con demencia y la de su familia en diferentes fases de la enfermedad ofreciendo atención terapéutica continuada en los aspectos cognitivos, físicos, funcionales, psíquicos y sociales.

El conjunto de técnicas que se realizan (psicoestimulación cognitiva, taller de psicoexpresión, fisioterapia, taller ocupacional, mantenimiento de las actividades básicas de la vida diaria, cinesiterapia y fisioterapia) se intercalan de manera que la persona esté activa, despierte y estimulada a lo largo del día, siguiendo un horario prestablecido y una rutina conocida. Así se aprovecha la mañana para las actividades con más cara terapéutica, que obligan a más atención, como los talleres de psicoestimulación cognitiva. Por el contrario, por la tarde las actividades son más lúdicas y ocupacionales.

10.00h-11.00h: Bienvenida y desayuno. Animación.

11.00h-12.30h: Taller de estimulación cognitiva (sesiones estructuradas, en diferentes grupos de trabajo homogéneos en función del nivel cognitivo).

12.30h-13.00h: Mantenimiento de actividades básicas de la vida diaria.

13.00h-14.00h: Taller de estimulación motriz – praxias (diferentes grupos).

14.00h-15.30h: Comida y sobremesa.

15.30h-16.15h: Mantenimiento de actividades básicas de la vida diaria.

16.15h-17.30h: Taller ocupacional (diferentes grupos y actividades).

17.30h-18.00h: Despedida.

También hay sesiones de fisioterapia en grupos pequeños durante el día.

“La Terapia Ocupacional es el uso terapéutico en las actividades de autocuidado, trabajo y juego para incrementar la función independiente, mejorar el desarrollo y prevenir la discapacidad. Puede incluir la adaptación de las tareas y el entorno para lograr la máxima independencia y mejorar la calidad de vida” (American Occupational Therapy Association (AOTA), 1986)

La terapia ocupacional utiliza la actividad con el objetivo de prevenir o retrasar el deterioro funcional de la persona usando técnicas de: facilitación, graduación, análisis de la función y de entrenamiento en ayudas técnicas o adaptaciones del entorno.

Las funciones del terapeuta ocupacional en un centro de día de psicoestimulación cognitiva, especialmente en los centros de la Fundació ACE se centran  en la aplicación y realización de técnicas de carácter ocupacional, orientación y estimulación de las funciones físicas y/o psíquicas alteradas. En concreto, realiza talleres de estimulación cognitiva, talleres de praxias (en personas con diversas sintomatologías incidiendo en las áreas donde presentan alteraciones, o compensando, ya sea adaptando la actividad, graduando la dificultad, o asistiéndola) y participa en la creación de nuevos ejercicios.

El terapeuta ocupacional, previo conocimiento de la persona usuaria, colabora en la realización del Plan de intervención a partir de la programación de actividades, basadas en las necesidades, preferencias y gustos de la persona. Así mismo,  informa al  responsable de la atención a familias sobre las ayudas técnicas y adaptaciones del entorno que se han de tener en cuenta en la atención a la persona.

Además de la  realización de tareas asistenciales, el terapeuta ocupacional realiza tareas de docencia, tanto al personal de los centros como a  través de la web de Fundació ACE, informando, en este último caso, sobre el  manejo de la persona con deterioro en su  domicilio ya sea en la realización de actividades de la vida diaria e instrumentales, en temas de ocio o en adaptaciones del entorno.

recursos

Las diferentes Comunidades Autónomas, entidades asistenciales y sociales ponen a disposición de las personas con demencia y sus familiares un conjunto de servicios y recursos, destinados a satisfacer las diversas necesidades que pueden surgir en la atención de una persona con demencia. Entre ellos destacan: la atención domiciliaria, la teleasistencia, los centros y hospitales de día y las residencias.

Atención domiciliaria

El servicio de atención a domicilio es servicio que tiene la finalidad de prestar apoyo personal, atención y ayuda a personas en situación de falta de autonomía personal. Destacan los servicios relacionados con la atención de las necesidades domésticas o del hogar: limpieza, lavado, cocina u otros; y los servicios relacionados con el cuidado personal, en la realización de las actividades de la vida diaria (aseo e higiene personal, ayuda en el vestir y comer, etc.).

Se puede acceder a este servicio de forma privada o de forma subvencionada. Cuando el servicio está subvencionado por la administración su duración es variable en función de la situación socio-familiar; de las necesidades de la persona en situación de dependencia y de la intensidad del servicio que corresponda a la persona según su grado y nivel de dependencia y de los servicios compatibles prescritos.

Teleasistencia

Es un recurso técnico de supervisión a domicilio a través del teléfono que actúa a nivel preventivo las 24 horas del día. La teleasistencia domiciliaria, aunque su instalación está contraindicada su instalación en personas con demencia que viven solas, suele ser de gran ayuda para los familiares, que conviven con la persona con demencia en el caso que necesite solicitar ayuda.

Hospitales y centros de día de orientación terapéutica

Son centros de atención diurna que tienen entre sus objetivos específicos la rehabilitación de déficits y la estimulación cognitiva. En ellos se realizan actividades de psicoestimulación cognitiva, motriz y psicoafectiva. Contemplan, a la vez, el mantenimiento de las actividades de la vida diaria y la reeducación de habilidades.

Sus objetivos específicos son: rehabilitar y restituir déficits; estimular, demorando la pérdida  progresiva de las capacidades; optimizar las capacidades funcionales residuales; y paliar, sustituyendo necesidades.

Centros y hospitales de día asistidos

Los centros y hospitales de día asistidos ofrecen supervisión y asistencia a las actividades de la vida diaria, al tiempo que complementan la atención propia del entorno familiar. Entre los objetivos de estos dispositivos se encuentran: ofrecer un entorno adecuado y adaptado a las necesidades de las personas con deterioro; favorecer el mantenimiento de la autonomía de las personas; proporcionar apoyo a las familias en la atención a su familiar con demencia.

Las residencias asistidas

Son un servicio de acogida residencial de carácter permanente, o temporal, y de asistencia integral a las actividades de la vida diaria para personas con demencia. El acceso puede ser de forma privada o subvencionada.

Actualmente se accede a ayudas a través de la valoración de la Ley de Dependencia. Esta valoración otorga al demandante unos derechos a servicios, en consonancia con el grado de dependencia que se le ha reconocido. Así, para acceder a las ayudas es necesario que se considere a la persona como dependiente en los términos que describe la Ley. Para ello debe solicitar el inicio del procedimiento de valoración de dependencia en la oficina de Bienestar Social de su territorio.

No. La persona beneficiaria participa en la financiación del servicio según su capacidad económica personal. La capacidad económica se determina en función del grado de dependencia, de la renta y del patrimonio de la persona solicitante. El coste del servicio es el mismo, tanto si ocupa una plaza subvencionada como en un centro colaborador o en un centro público.

El proceso de una demencia es una realidad cambiante, dependiente del propio proceso de la enfermedad, en el que las necesidades de la persona con demencia y de la familia irán cambiando a medida que la enfermedad progrese e introduzca más elementos de dependencia en la persona enferma.

La pregunta ¿Cuál es el momento adecuado para ingresar en un centro de día o en una residencia?, no es la pregunta que nos debemos formular. Las preguntas que un cuidador debe plantearse, son: ¿Mi familiar está bien atendido?, ¿Necesita algún tipo de atención que no le podemos prestar en el domicilio? La respuesta a estas preguntas son las que deben guiarnos en la utilización del recurso más adecuado.

El cuidado de una persona con demencia es un cuidado de largo recorrido, por lo que el cuidador debe ser consciente de la calidad de cuidado que está ofertando y de la necesidad de ayuda o descanso para continuar ejerciendo esta tarea con competencia. La determinación de ir a un centro de día o de ingresar en una residencia, comporta que afloren sentimientos contradictorios (¿Querrá ir?, ¿Y si no quiere?, ¿Estoy haciendo bien?…), pero  siempre debe pensarse que el objetivo es proporcionar a  la persona con demencia la máxima calidad, en los cuidados sanitarios y de entorno que precisa y que tal vez ya no puede prestarse en el domicilio.

La persona con demencia pasa de la autonomía total a la necesidad de supervisión las 24 horas del día. Si es posible una transición gradual, será más fácil que la persona se acostumbre a vivir con alguien. En un principio, tal vez sólo sea necesario que alguien se ocupe de controlar su medicación, ayuda en las compras o en la alimentación y no se requiera una supervisión continua. Hay algunas preguntas que pueden ayudar a decidir el tipo de atención que precisa la persona con demencia: ¿Se continúa cuidando de su aseo y aspecto personal?, ¿Toma bien su medicación?, ¿Come adecuadamente?, ¿Mantiene la casa arreglada?, ¿Apaga la estufa?, ¿Apaga el gas?, ¿Se le quema la comida?, ¿Actúa en respuesta a ideas infundadas o con suspicacia?, ¿Muestra sensatez en sus decisiones y actuaciones?

A menudo se aconseja a las familias que expliquen a la persona con demencia que se trata de la recomendación de un profesional sanitario para mantener y/o enlentecer el proceso de deterioro. También se aconseja intentar pactar con ella un compromiso temporal (hasta la próxima valoración médica).

Se recomienda mantener y favorecer las actividades y las aficiones que el paciente hacía previamente y aún conserva. Intentar evitar el exceso de estimulación, si ya asiste regularmente a un centro.

ensayos clínicos

Los ensayos clínicos son estudios diseñados para conocer los efectos de un fármaco o de un procedimiento en fase de investigación.

Para participar en uno de estos estudios deben realizarse unos procedimientos, que dependerán de cada protocolo de investigación. La persona con demencia y el cuidador principal deberán acudir a todas las visitas del estudio y tendrán que informar al médico del ensayo de cualquier cambio que se produzca en su vida o sobre los posibles efectos secundarios que puedan surgir.

La participación en un estudio de investigación es libre y voluntaria.

Toda la información recogida durante el estudio será tratada de forma confidencial.

Los tratamientos de un ensayo clínico deben estar probados previamente en laboratorios y en fases previas para garantizar su seguridad.

Todos los estudios tienen que ser aprobados por las estrictas normas de la Food and Drug Administration (FDA), entidad que garantiza que las personas que deciden participar sean tratadas con la mayor seguridad posible. También han tenido que ser aprobados por un comité ético.

Antes de participar en un estudio clínico se realizará un examen completo para reducir riesgos durante la participación. Los resultados de todas las pruebas tendrán que ser aceptadas, sino la persona no podrá participar.

Todo esto no implica que no puedan surgir riesgos potenciales durante su participación en el estudio. En este sentido todos los participantes tendrán que firmar un consentimiento informado donde se explicita el conocimiento por parte del participante de los riesgos-beneficios que comporta la participación en un estudio.

Los participantes tendrán la oportunidad de acceder a nuevos tratamientos y a nuevas técnicas diagnósticas innovadoras, actualmente no accesibles al resto de población, que podrían ayudar a la evolución de la enfermedad y mejorar la calidad de vida.

Obtendrán un seguimiento médico más exhaustivo y personalizado con controles más frecuentes.

La participación en un estudio clínico ayudará en el futuro a otras personas con las mismas condiciones ya que aportará datos valiosos sobre el avance en el tratamiento y sobre la enfermedad.

situaciones de riesgo y medidas de protección

A medida que avanza y evoluciona el deterioro, la persona va perdiendo la capacidad para realizar determinadas actividades, la comprensión y alcance de los actos que realiza así como la noción del valor del dinero. Sin embargo, desde el punto de vista legal la persona con demencia continúa teniendo capacidad jurídica plena. Esto puede comportar para si mismo y sus allegados un grave problema.

Existen diferentes instrumentos jurídicos para proteger a las personas que tienen un deterioro cognitivo o una demencia. El más indicado será aquel que le ofrezca la protección que necesita, teniendo en cuenta que se ha de buscar un equilibrio entre su seguridad y su libertad.

El poder notarial consiste en que la persona con deterioro da poder de disposición sobre determinados bienes concretos o derechos a una/s  persona/s. Es una manera de proteger a la persona a nivel económico.

Cualquier persona que reúna requisitos de intencionalidad y conciencia en el momento que se vaya a realizarla puede nombrar ante notario a una persona para que, en el caso de ser declarada incapaz, sea su tutor. La persona puede, también, excluir a determinadas personas de estas funciones, nombrar sustitutos y puede establecer, también, cómo quiere ser atendido y cómo desean que se administren sus bienes. La autotutela es una tutela que, hoy día, sólo existe en Cataluña y se realiza ante notario.

Es el documento en el que una persona manifiesta los deseos e instrucciones que, sobre la atención sanitaria y social, que quiere le sean respetados si se encuentra en una situación en la que, por diferentes circunstancias derivadas de su estado físico y/o psíquico, no sea capaz de expresarlos personalmente.

El documento de voluntades anticipadas  ayuda a los familiares y también a los profesionales sanitarios a determinar las mejores decisiones para una persona, ante situaciones en las que ésta no puede expresar su voluntad.

El documento se formaliza ante notario o por escrito ante tres testigos. En este último caso, los testigos han de ser personas mayores de edad, con plena capacidad de obrar, de los cuales dos, como mínimo, no tendrán relación de matrimonio o pareja de hecho, ni parentesco hasta el segundo grado de consanguinidad o afinidad, ni podrán tener tampoco una relación patrimonial.

Para poder realizar poderes notariales, la autotutela o las voluntades anticipadas, el notario exige que la persona reúna requisitos de intencionalidad y conciencia en el momento que se vaya a realizar la cesión de poderes, de ahí que, en la mayoría de ocasiones, sólo pueda realizarse en las primeras fases del deterioro cognitivo.

La incapacitación es un acto judicial que modifica el estado civil de una persona sometiéndola a un régimen de protección. Lo que permite incapacitación no es la enfermedad o deficiencia en sí misma, sino la imposibilidad de autogobierno.

La incapacitación pretende suplir las deficiencias de quienes, por carecer de capacidad suficiente para desenvolverse, se ven necesitados de una persona que los represente o complementen su capacidad. La incapacidad, así, capacita al incapacitado.

El procedimiento de incapacitación se solicita ante el juez y puede ser iniciado por un familiar directo. Si no hay familiares directos, cualquier persona que conozca la situación puede comunicarla al ministerio fiscal, el cual, en este caso, iniciará el proceso.