Barcelona Alzheimer Treatment & Research Center

Experiencias compartidas

141218 - Ria Hills Fractured a portait of Alzheimer

“Fractured – a portait of Alzheimer / Fracturada – un retrato del Alzheimer” de la artista

Hoy quisiera compartir con vosotros la experiencia de un familiar de una usuaria del Centro de Día. Me parece un texto que expresa muy bien su sentimiento ante algunas de las dificultades que se encuentra como cuidador. Nos ha dado permiso para compartirlo con todos vosotros aunque he eliminado su nombre y el de su mujer para mantener su privacidad.

Marina Guitart (Psicóloga)
Coordinadora del Centro de Día de Fundación ACE

 

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Monotema: MI CASA

Desde el empeoramiento de su estado mental, ———————– tiene una idea prácticamente fija: vive con su marido en un piso, pero su casa  es la de sus padres, sobre todo la de su madre, y tiene que volver lo antes posible, tanto porque allí se sentiría bien como para evitar que la echen de menos y sufran por ella si no llega pronto. Implícita y a veces explícitamente piensa en sus seis hermanos, que no da por perdidos, y más de una vez me ve como su padre y así se sitúa en su imaginario de juventud, con la familia que añora.

Con esta idea, hacia la una y media de la madrugada del 7 al 8 de este mes, salió de casa a la calle con una bata encima del camisón, descalza y con las llaves de casa en la mano. Al verla así, unos chicos avisaron al servicio de ambulancias, y estos a los mossos d’esquadra y la guardia urbana, que gracias a que ella les dijo el nombre completo encontraron el domicilio en el padrón municipal y la llevaron de vuelta, encontrando la puerta del piso abierta de par en par.

Y yo, su marido ———-, que me había dormido profundamente como pocas veces consigo – sin motivos para sospechar en mi esposa una especial excitación o que no hubiera cerrado la puerta  como hago siempre, guardando las llaves – me despierto con el encendido de las luces y veo en mi dormitorio dos hombres uniformados, altos y robustos, la cama del lado vacía, el resto de la casa con mucha luz e invadida por cuatro personas y finalmente, en el salón-comedor, mi mujer que no sabía qué impulso había tenido y que más tarde ya no tenía idea de que le hubiera pasado nada.

Supongo que fue el médico del SEM que dirigía la situación el que vio en mí sólo otro viejo desorientado, y sin ninguna pregunta me hizo avisar a los hijos para que vinieran inmediatamente, como hicieron incluso dos nietos, aunque opino que si hubiera tenido más consideración habría podido resolver conmigo el atestado del caso y habría entendido que, a pesar de mis naturales limitaciones, he podido llevar hasta ahora el no fácil día a día de dos personas mayores que viven solas y que procuran aguantar con éxito hasta el final, retrasando tanto como puedan la tristeza de una residencia, y que no era necesario molestar a nadie a esas horas.

Y no es que nuestra vida actual sea ninguna maravilla, yo comiendo solo en casa y resolviendo los pequeños detalles de nuestra vida y mi esposa en el Centro de Día, que cada tarde cuando voy a buscarla me pregunta quien me ha dicho que ella estaba allí y que al llegar a casa no es fácil de mantener entretenida para evitar que le vuelva la idea de irse “a casa”, pero es lo que queda de tantos años de convivencia, además de dos hijos y cuatro nietos magníficos que son el resultado, que vemos contentos de estar en este mundo y que nos hacen pensar que, a pesar de todo, nuestro paso no habrá sido tan inútil.

Diciembre de 2014

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