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BLOG | El ictus y sus consecuencias

Una de las patologías neurológicas más frecuentes y que mayor impacto tiene en la población es el ictus o enfermedad cerebrovascular. Para hacernos una idea de lo frecuente que es, se dice que en España se produce un ictus cada 6 minutos.

El ictus es un trastorno neurológico agudo debido a un problema circulatorio en el cerebro que se inicia bruscamente, por lo que es muy importante actuar de forma ágil para llevar a la persona ante un médico. El ictus es una de las causas principales de muerte y discapacidad, por lo que su detección y su tratamiento precoz son fundamentales.

Un adecuado control y tratamiento de los factores de riesgo vascular, como son la hipertensión arterial, la diabetes, el exceso de colesterol o la obesidad, así como el abandono del tabaquismo podrían prevenir 9 de cada 10 ictus. Aunque existen otros factores de riesgo que no se pueden modificar, como la edad avanzada o la historia familiar, es necesario y recomendable llevar una vida saludable para prevenirlo.

¿Cómo se produce un ictus?

Cuando el cerebro no recibe flujo sanguíneo de forma adecuada sufre extremadamente, por eso cada minuto cuenta, porque en ese tiempo están muriendo miles de neuronas. “Tiempo es cerebro”, por decirlo de alguna manera: de ahí la importancia de actuar rápidamente y avisar a los servicios de emergencia cuando se detecten los primeros indicios de un ictus.

Existen dos tipos de ictus, según el mecanismo que produce el problema circulatorio a nivel cerebral:

  • Ictus isquémico: se produce cuando un coágulo obstruye una arteria del cerebro. Este coágulo puede haberse formado localmente en la pared de la arteria, por una placa de ateroma (“de colesterol”), o provenir del corazón (por enfermedades cardíacas como la fibrilación auricular). Al obstruirse la arteria, impide que llegue suficiente sangre al cerebro, por lo que las neuronas no pueden funcionar correctamente y acaban muriendo (por falta de oxígeno y nutrientes). Es el tipo más frecuente.
  • Ictus hemorrágico: ocurre cuando se rompe un vaso sanguíneo del cerebro, generándose un sangrado dentro del mismo, con daño a las neuronas y consecuencias nefastas.
Signos del ictus y sus secuelas

Ahora bien, la gran pregunta: ¿cómo podemos detectar el ictus?

Los síntomas más frecuentes son la pérdida brusca de fuerza en una extremidad, la desviación repentina de la comisura bucal, la imposibilidad para hablar o comprender, la afectación súbita de la visión en uno o en ambos ojos, o la pérdida repentina de equilibrio o estabilidad.

Si detectamos estos síntomas en alguien cercano, lo que debemos hacer es avisar de forma inmediata a los servicios de emergencia, explicando los síntomas percibidos y la hora de inicio de los mismos, así como permanecer junto a la persona que lo sufre. Las secuelas que pueden quedar tras un ictus dependen del tipo de ictus que se haya sufrido y del área cerebral afectada. La discapacidad generada por un ictus abarca problemas motores, cognitivos y conductuales que limitan las actividades de la vida diaria.

Con el objetivo de disminuir el impacto del daño cerebral producido y facilitar la reincorporación a la actividad cotidiana, es muy importante realizar una fisioterapia precoz. Inicialmente, la fisioterapia pasiva es de mayor importancia para evitar deformidades, contracturas o posturas anómalas. Posteriormente, cuando la situación del paciente se estabiliza, es importante comenzar una rehabilitación activa, con ejercicios y técnicas de estimulación sensorial para activar la movilidad y la marcha, la coordinación y la destreza manual. En caso de que el habla se vea afectada, la logopedia puede ayudar a recuperar parte del déficit.

En la medida de lo posible, una vez el paciente haya sido dado de alta del hospital o del centro correspondiente es conveniente continuar haciendo los ejercicios indicados en domicilio.

Ictus y demencia

Finalmente, hay que señalar que los pacientes con demencia también tienen un riesgo aumentado de padecer un ictus debido a su edad y a que en muchas ocasiones presentan factores de riesgo vascular. Es por lo que debemos estar alerta ante los posibles síntomas de alarma de un ictus para poder actuar precozmente y, sobre todo, fomentar un estilo de vida saludable, sin olvidar el ejercicio físico o, si es necesario, recurrir a la fisioterapia para ayudar a estimular la movilidad y la marcha y prevenir el impacto que esos factores de riesgo puedan ocasionar sobre la salud vascular de su cerebro.

DRA. ESTER ESTEBAN

Neuróloga Fundació ACE

Profesora asociada de la Facultad de Medicina y Fisioterapia de la Universidad Internacional de Catalunya

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